Hoy Leyendo el Fusil, recordé a Sibú.
Cuando Sibú creó el mar, también creo las semillas. Hizo varias pruebas con granos de maíz, pero las semillas no podían germinar sin ayuda del murciélago. De una semilla nacieron los indígenas por allá donde sale el Sol. Otra semilla la puso en una balsa y sopló; la balsa se perdió en el mar.
Era la semilla de los sikuas, de los extranjeros con piel y rasgos distintos que después volverían, como las tortugas cuando desovan, traídos por el mar.
Cuando los españoles llegaron a la tierra de Sibú, nadie se sorprendió, se sabía que eran aquellas semillas extraviadas en los confines del océano.
Hoy nos llegan más descendientes de esas semillas; sikuas que se han alejado de las enseñanzas de Sibú, que no cumplen con sus leyes, y nosotros parece que no habitamos la casa cósmica que nos protege de los espíritus malignos.

2 comentarios
Noviembre 6, 2009 a las 3:05 am
mae buenísimo. ciertamente sibú ha de estar muy triste
Noviembre 6, 2009 a las 5:28 pm
Sí Sibú nos está castigando….